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Distribución de comidas calientes en Gaza, 2025. © Acción contra el Hambre
Distribución de comidas calientes en Gaza, 2025. © Acción contra el Hambre
Distribución de comidas calientes en Gaza, 2025. © Acción contra el Hambre

1000 DÍAS GAZA: ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE ALERTA DEL PELIGRO DE MALNUTRICIÓN CRÓNICA

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  • En Gaza, aunque ha aumentado la entrada de ayuda, solo alrededor del 50% consigue descargarse, lo que impide que llegue a la población.
  • La crisis nutricional ha cambiado: no es solo desnutrición aguda, sino malnutrición crónica por falta de calidad en la dieta.
  • Acción contra el Hambre continúa operando en Gaza y ha apoyado a más de 1,5 millones de personas desde 2023.

Mientras se cumplen 1000 días desde el 7 de octubre de 2023, la crisis humanitaria permanece en una fase crítica. Lejos de mejorar, la situación se ha transformado: hoy, el problema ya no es únicamente la falta de ayuda, sino la imposibilidad de que esta llegue a las personas que la necesitan. Al mismo tiempo, la sociedad israelí aún enfrenta un profundo duelo y trauma tras el 7 de octubre.

La ayuda entra, pero no llega

En la actualidad, entran en Gaza una media de unos 160 camiones diarios, una cifra muy inferior a las necesidades y de los niveles requeridos para una respuesta eficaz. Pero el dato clave no es cuántos camiones entran, sino cuántos llegan a su destino: alrededor de la mitad de esa ayuda vital no llega a distribuirse dentro de la Franja y tiene que esperar en el paso fronterizo hasta que pueda entregarse.

La razón por la que la ayuda no llega no es genérica: se debe a la falta de camiones permitidos, a la falta de almacenes debido a la inseguridad y a las limitaciones operativas, a los daños masivos en las carreteras que convierten las rutas en interminables horas de dificultades logísticas, a las restricciones de entrada de materiales esenciales (como agua, energía y material sanitario) y a los continuos ataques a pesar del alto el fuego.

Del hambre a la malnutrición

Hoy, aunque las familias logran ingerir calorías, la calidad de la dieta no ha mejorado desde el alto el fuego. La alimentación se basa casi exclusivamente en cereales, harina y alimentos procesados, con una ausencia casi total de proteínas, vitaminas y micronutrientes.

Las familias consumen frutas y fuentes ricas en proteínas solo un día a la semana o menos. En el caso de las verduras, solo se consumen dos días a la semana, aumentando riesgos nutricionales a medio y largo plazo.

“Cuando los niños y las niñas no reciben una alimentación adecuada durante largos periodos, el impacto es irreversible: afecta a su crecimiento, a su salud y a su futuro, advierte Cristina Izquierdo, coordinadora de nutrición del equipo de emergencia de Acción contra el Hambre tras su paso por Gaza. “Aun cuando las familias logran comer, no lo hacen en condiciones adecuadas. La falta de calidad en la dieta revierte a medio y largo plazo los avances nutricionales que habíamos conseguido, añade Izquierdo.

Sin ingresos y sin mercados

A la carencia de alimentos nutritivos, se le suma la falta de sustento y mercados. Entre el 40% y el 300% de incremento en los precios sitúa a los productos básicos fuera del alcance de la mayoría de las familias. El 63% de los hogares expresa tener dificultades para acceder a mercados; de ellos, el 93%, por falta de dinero en efectivo y el 54% por precios inasumibles.

Además, la crisis ha destruido prácticamente toda la capacidad de producción local. Menos del 5% de la tierra cultivable es accesible, mientras que la mayoría de los productos que entran en la Franja son comerciales, lo que obliga a una dependencia casi total de la ayuda externa.

“Agricultores apoyados por Acción contra el Hambre habían logrado recuperar sus campos, herramientas e incluso invernaderos. Pero ahora, muchas de esas tierras han dejado de ser accesibles a causa de la violencia y expansión de zonas militarizados, haciendo revertir algunos de los avances conseguidos en materia de agricultura, explica Natalia Anguera, responsable de Operaciones en Oriente Medio de Acción contra el Hambre.

El agua al límite

El acceso al agua sigue siendo uno de los principales riesgos. La población dispone de entre 6 y 15 litros por persona al día, por debajo del estándar mínimo para la supervivencia. “Muchas zonas no tienen agua potable. La gente bebe lo que puede, aunque no sea seguro, relata Anguera.

Los impedimentos a la entrada de ciertos bienes es uno de los agravantes. “La falta de combustible, repuestos y generadores impide el funcionamiento de plantas de desalinización y sistemas de agua, claves para proveer a la población de agua segura, limpia y potable. Además, escasean productos químicos para tratar el agua contaminada, mientras muchas tuberías están destruidas”, explica Anguera.

“El colapso del saneamiento y la acumulación de residuos están provocando plagas, entre ellas de roedores, y una crisis de salud pública”, añade Anguera.

Respuesta de Acción contra el Hambre

A pesar de las restricciones y del contexto altamente volátil, Acción contra el Hambre continúa operando sobre el terreno, adaptando continuamente su respuesta en distribución de alimentos, tratamiento nutricional, agua segura, saneamiento y apoyo a medios de vida.

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