Acción contra el Hambre presenta, ante expertos y empresas, ejemplos de su lucha contra el cambio climático en los primeros "Diálogos Clima y Hambre"
El cambio climático ha llegado para quedarse y esta realidad está alterando los sistemas alimentarios, agravando la desnutrición, tensionando el acceso al agua y multiplicando las crisis humanitarias.
Bajo esta premisa, Acción contra el Hambre ha celebrado el pasado 20 de mayo en Madrid el encuentro “Diálogos Clima y Hambre”, una jornada dirigida a empresas para presentar las soluciones que aporta para luchar contra el cambio climático, a través de la innovación, la resiliencia y la mitigación-
El encuentro, celebrado en el auditorio de Acción contra el Hambre con el apoyo de Forética y Corresponsables, reunió a especialistas de distintas áreas de la organización y representantes del ámbito empresarial.
Elena Santaolalla, focal point en comunicación de Alianzas y Campañas de Acción contra el Hambre, abrió el encuentro recuperando una metáfora que terminó convirtiéndose en uno de los hilos conductores de la jornada: la del liquen como símbolo de colaboración y resiliencia. La imagen sirvió para introducir una de las ideas centrales del encuentro: frente a crisis cada vez más complejas y conectadas, la colaboración entre sectores ya no es opcional, sino imprescindible.
La jornada fue inaugurada por Manuel Sánchez-Montero, director general de Acción contra el Hambre, quien recordó que actualmente “673 millones de personas padecen hambre en el mundo y más de 2.300 millones sufren inseguridad alimentaria moderada o grave”. Frente a ello, defendió la necesidad de acelerar soluciones capaces de responder a una crisis cada vez más compleja y conectada con el clima.
Tras la bienvenida institucional, la primera intervención corrió a cargo de Alba Pantoja, project manager del área ambiental de Forética, quien ofreció una panorámica global sobre el deterioro de los sistemas naturales y su impacto creciente sobre las sociedades y la economía.
Durante su ponencia, Pantoja recordó que la humanidad ha entrado en una fase de “gran aceleración”, marcada por un crecimiento exponencial del impacto humano sobre el planeta y por la progresiva saturación de los sistemas naturales de autorregulación. La experta repasó algunos de los principales indicadores de deterioro ambiental y alertó de que varios de los nueve límites planetarios que regulan la estabilidad del sistema Tierra ya han sido sobrepasados, entre ellos los relacionados con el cambio climático, la biodiversidad, el agua dulce, los ciclos del nitrógeno y el fósforo o la contaminación química.
A lo largo del encuentro, los distintos especialistas de Acción contra el Hambre abordaron cómo la crisis climática impacta ya directamente en la salud, la nutrición, el acceso al agua o los medios de vida de millones de personas.
- Antonio Vargas, responsable de Nutrición y Salud, explicó que el cambio climático está modificando la geografía y la intensidad de las crisis nutricionales, obligando a las organizaciones humanitarias a pasar “de una lógica reactiva a una lógica anticipatoria”. “Ya no basta con responder cuando aparece la desnutrición”, señaló Vargas. “El cambio climático está alterando la geografía, la temporalidad y la intensidad de las crisis nutricionales”. El experto explicó cómo el deterioro ambiental incrementa el riesgo de enfermedades infecciosas, agrava la presión sobre sistemas sanitarios vulnerables y reduce la capacidad de cuidado de las familias, especialmente en contextos afectados por sequías, escasez hídrica o desplazamientos.
- En esa misma línea, Hélène Pasquier, responsable de Seguridad Alimentaria y Medios de Vida, defendió la agroecología y la recuperación de la capacidad natural de los ecosistemas para producir alimentos como una de las claves para fortalecer la resiliencia de las comunidades más vulnerables. “Cuando hablamos de agroecología hablamos de colaborar con la naturaleza recuperando la capacidad natural de los ecosistemas para producir alimentos”, explicó. Pasquier subrayó además la importancia de fortalecer la gestión comunitaria de los recursos y desarrollar soluciones adaptadas a cada territorio para hacer frente a fenómenos cada vez más extremos.
- El agua ocupó también un lugar central en la jornada. Pablo Alcalde, responsable de Agua, Saneamiento e Higiene, recordó que garantizar el acceso al agua y al saneamiento no solo implica construir infraestructuras, sino reforzar la capacidad de adaptación climática de los territorios. “Los servicios de agua, saneamiento e higiene son una prioridad porque permiten hacer efectivo el derecho humano al agua y al saneamiento”, afirmó. Alcalde insistió en que invertir en seguridad hídrica y resiliencia climática implica también invertir en salud pública, nutrición, prevención de desastres y estabilidad territorial.
- La innovación aplicada a la acción humanitaria fue otro de los ejes del encuentro. Ibrahim Mustafa, responsable de proyectos de I+D+i, abordó cómo las organizaciones humanitarias están incorporando soluciones tecnológicas y energéticas más sostenibles en sus respuestas de emergencia. “El cambio climático está transformando las causas, la frecuencia y la complejidad de la desnutrición”, señaló. “Eso nos obliga de nuevo a innovar, adaptar nuestras respuestas y anticiparnos mejor a las crisis”.
La jornada concluyó con una intervención centrada en el papel de las alianzas empresariales frente a emergencias climáticas cada vez más frecuentes. Carla Rivas, coordinadora de Alianzas de Acción contra el Hambre, presentó el caso de la respuesta a la DANA de Valencia, una intervención que supuso un hito para la organización al convertirse en la primera emergencia atendida directamente en España y financiada íntegramente con fondos privados. Gracias a los mismos, Acción contra el Hambre activó su respuesta en menos de 24 horas y desplegó actuaciones de emergencia, saneamiento y recuperación social y económica en localidades como Paiporta, Catarroja, Massanassa o Sedaví.
“La DANA en Valencia fue la primera emergencia atendida por nuestros propios equipos en España y también la primera cuya respuesta fue financiada íntegramente con fondos privados”, recordó Rivas. “La colaboración ya no es solo una opción. Es parte de la solución”.
Más allá de las cifras y los datos, el encuentro dejó una idea transversal: la lucha contra el hambre y la crisis climática ya no pueden abordarse por separado.
Las organizaciones humanitarias, el sector privado y las instituciones públicas están llamadas a construir respuestas compartidas frente a desafíos que afectan ya a millones de personas y que también empiezan a sentirse cada vez más cerca.