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Día Internacional de la Mujer: el compromiso de Wendie con multiplicar el impacto

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Por Martina Vercoli, voluntaria de Acción contra el Hambre en Filipinas. 

En el Día Internacional de la Mujer, destacamos, a través de la historia de Wendie, el poder de la reciprocidad entre las mujeres que trabajan para empoderar a las personas hacia el cambio. Cuando las sociedades invierten en las mujeres, las oportunidades se amplían, los sistemas se fortalecen y todos se benefician. Dar no es una pérdida cuando se trabaja con las comunidades, sino más bien una multiplicación intencionada y poderosa del impacto.

BURGOS, SURIGAO DEL NORTE - Wendie Goña, de 38 años, es una dedicada defensora de la protección medioambiental impulsada por la comunidad en su municipio. En su trabajo como responsable municipal de medio ambiente en Burgos, Wendie ha prestado un apoyo crucial a las iniciativas de Acción contra el Hambre en Siargao, como el Proyecto de Economía Verde de Siargao, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), y el Programa de Recuperación y Rehabilitación WASH tras el tifón Odette para la Resiliencia Climática, en colaboración con UNICEF. 

Wendie contribuye al avance de programas a nivel local que protegen los bosques, las costas y los ecosistemas marinos, al tiempo que empodera a las comunidades locales, en particular a las mujeres, para que desempeñen un papel activo en la protección de su medio ambiente.

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Foto: Alexane Simon

Criada en Barangay Danawan, una pequeña comunidad insular de la ciudad de Surigao, Wendie experimentó de primera mano los retos a los que se enfrentan las familias de pescadores durante los meses del monzón. Como hija de un profesor y un pescador, desarrolló un profundo respeto por la educación y el medio ambiente natural, lo que la inspiró a estudiar la carrera de Pesca en la Universidad Estatal de Mindanao, en la ciudad de Marawi.

A lo largo de los años, ha trabajado incansablemente para organizar grupos de autoayuda, dirigir proyectos de rehabilitación de manglares, mejorar la gestión de residuos sólidos y poner en marcha iniciativas de adaptación al clima.

Ahora vive en Barangay Baybay, Burgos, y trabaja en un municipio de quinta clase que se enfrenta a limitaciones financieras y logísticas, pero sigue liderando programas que integran la responsabilidad medioambiental, la participación de la comunidad y las prácticas sostenibles.

En esta entrevista, comparte su trayectoria, las lecciones que ha aprendido, su visión para empoderar a las personas de la comunidad y lo que significa #GivetoGain en su vida diaria:

¿Qué te inspiró a trabajar en la protección del medio ambiente?

Crecí en una pequeña isla, Barangay Danawan, en la ciudad de Surigao, como hija de un maestro y una pescadora. La vida no era fácil. Durante el monzón, cuando los pescadores no podían salir al mar y la pesca era nuestro principal medio de vida, muchas familias pasaban apuros. 

Pronto me di cuenta de lo mucho que dependíamos del medio ambiente y de que yo tenía el poder de generar un cambio positivo en mi comunidad. Desde muy joven supe que podía usar mi voz y mis conocimientos para empoderar a otros hacia el cambio. Siempre he sido el tipo de estudiante que alza la voz cuando se da cuenta de que algo no es justo.

Muchas personas nunca han vivido estas situaciones difíciles en primera persona, por lo que a menudo no comprenden las dificultades que conllevan. Pero si te ves directamente afectado, sabes exactamente lo que significan esas dificultades y cómo pueden afectar a tu vida cotidiana.

¿Cómo es un día típico en tu trabajo?

Mi trabajo consiste en implementar programas medioambientales municipales utilizando un enfoque que abarca desde las montañas hasta los arrecifes. Esto significa que cuidamos todo el medio ambiente, desde las montañas y los bosques hasta los ríos, la costa y el mar. Lo que ocurre en las zonas altas afecta al agua y a la vida río abajo.

Por ejemplo, la protección de los bosques ayuda a evitar que la tierra y la suciedad lleguen a los ríos, lo que mantiene el agua limpia y favorece la salud de los ecosistemas costeros y marinos.

Me centro en la gestión forestal, la gestión de residuos sólidos, la protección de la biodiversidad y la adaptación y reducción de los efectos del cambio climático.

Cada día es diferente y supone un reto. No siempre estoy en la oficina; a veces participo en actividades comunitarias, como sesiones de sensibilización sobre la gestión de residuos sólidos. Por ejemplo, recientemente participé en una campaña de sensibilización en la Escuela Nacional de Burgos, en el marco del Proyecto de Economía Verde de Siargao de Acción contra el Hambre.

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Foto: Martina Vercoli

¿Qué valores aportas cada día a tu trabajo?

Me guío por los principios del cambio, la integridad, la responsabilidad y la empatía. Mi defensa va más allá de mi trabajo, porque proteger el medio ambiente es una responsabilidad compartida. 

Me esfuerzo cada día por generar un impacto positivo en diferentes comunidades, asumir la responsabilidad de cómo mis acciones afectan a los demás y dejar que las experiencias que me han moldeado me guíen para actuar con el corazón, tanto en el trabajo como en la vida cotidiana. 

¿Por qué es importante el empoderamiento en el trabajo medioambiental?

El empoderamiento es esencial en el trabajo medioambiental porque el cambio real y duradero se produce cuando las comunidades tienen los conocimientos, las habilidades y la confianza necesarios para actuar por sí mismas. 

Lo que más me gusta de trabajar con mi comunidad es empoderar a las mujeres. Históricamente, las mujeres han tenido poca voz en la planificación y la toma de decisiones, pero son cruciales para analizar situaciones, comprender las necesidades de la comunidad y aportar perspectivas únicas. Las mujeres son líderes naturales y excelentes que guían, inspiran y toman la iniciativa; proporcionan orientación, perspectivas y pueden inspirar un cambio real en sus comunidades. 

Apoyo a las mujeres de mi oficina y mi comunidad compartiendo conocimientos, creando redes y defendiendo su representación en la gobernanza local. La participación de las mujeres contribuye a reforzar los esfuerzos de la comunidad, especialmente en la limpieza de las costas, lo que demuestra que cuando se empodera a las mujeres, toda la comunidad se beneficia.

¿Qué es lo que le gustaría que mejorara en su comunidad?

Un aspecto que me gustaría que mejorara en mi comunidad es la gestión de los residuos sólidos.

Uno de los problemas más comunes entre los habitantes locales es la separación inadecuada de los residuos a nivel doméstico. Para abordar esta cuestión, estoy proponiendo a la [administración local] la creación de una nueva zona de contención de residuos, aunque esto supone un reto porque el municipio se encuentra dentro de un área protegida, por lo que existen restricciones legales y medioambientales. 

No obstante, la administración local apoya firmemente las iniciativas de gestión de residuos sólidos.

Uno de los principales retos se produce cuando los camiones de basura no pueden funcionar durante largos periodos de tiempo debido a reparaciones. Cuando los residuos no se recogen a tiempo, la basura se acumula y algunos residentes recurren a tirar la basura a lo largo de las carreteras. Por eso también promuevo iniciativas de cambio de comportamiento social, especialmente entre los jóvenes o mediante la sensibilización puerta a puerta, y participo activamente en campañas de información y comunicación. 

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Foto: Martina Vercoli

Para mí, la clave es centrarse tanto en medidas blandas, como la educación y la sensibilización, como en medidas duras, como las sanciones, para garantizar que no haya reincidentes. Hasta ahora, he comprobado que este enfoque funciona eficazmente en nuestra comunidad.

¿A qué retos te has enfrentado como mujer en tu campo y cómo los has superado?

Un reto al que me he enfrentado es el sesgo de género. En la universidad, muchas estudiantes de pesca fuimos marginadas del trabajo de campo porque se nos consideraba demasiado frágiles. Me propuse que participáramos plenamente, reconociendo que la igualdad en la experiencia práctica era esencial para nuestro crecimiento profesional.

Afortunadamente, mi familia me ha apoyado mucho a lo largo de mi educación y mi carrera. Mi padre, que es pescador, siempre ha estado orgulloso de mis logros y de los retos que he superado, y su aliento ha sido una fuente constante de fortaleza para mí. 

¿Qué significa para ti «dar para recibir» en tu trabajo?

«Dar para recibir» refleja claramente mi enfoque del trabajo. Cuando dedicas tu tiempo, tus conocimientos y tu esfuerzo de forma sincera a la comunidad, a cambio obtienes confianza, compromiso y un impacto duradero. Al orientar, educar y empoderar a otras personas, especialmente a las mujeres, que a menudo dudan en expresarse, ayudas a las comunidades a desarrollar la capacidad de mantener el cambio por sí mismas. 

La conservación del medio ambiente es una responsabilidad compartida, y adoptar una mentalidad de «dar para recibir» crea una situación en la que todos ganan, garantizando el crecimiento y los beneficios tanto para la comunidad como para los programas que implementamos.

¿Qué has ganado a nivel personal y profesional al trabajar con las comunidades?

Al trabajar con las comunidades durante muchos años, he ganado resiliencia, paciencia y habilidades de liderazgo más sólidas. Por resiliencia me refiero a la capacidad de seguir adelante a pesar de los retos, las limitaciones o las dificultades en mi trabajo y en los proyectos comunitarios. 

¿Puede compartir un momento concreto en el que dar marcó la diferencia?

No fue un momento concreto, sino un proceso continuo. A través de la promoción y la aplicación de las ordenanzas locales sobre gestión de residuos sólidos, vimos que la gente seguía las normas de forma más sistemática. En Filipinas existen muchas leyes medioambientales, pero su aplicación suele ser débil.

Aún más inspirador fue cuando las comunidades se volvieron proactivas y tomaron medidas por su cuenta, lo que demostró que ofrecer orientación realmente marca la diferencia.

Trabajo en estrecha colaboración con mi equipo y la comunidad para impulsar el cambio. Por ejemplo, ver a las mujeres de mi equipo asumir el liderazgo en la aplicación de las ordenanzas locales o participar activamente en las limpiezas es muy reconfortante. Demuestra que nuestros esfuerzos están influyendo en la próxima generación de responsabilidad medioambiental.

¿Qué te ha enseñado alguna mujer o niña?

Las mujeres que se han cruzado en mi camino me han enseñado que el liderazgo no siempre requiere títulos formales. Incluso sin reconocimiento oficial, los grupos de mujeres a nivel comunitario pueden estar muy bien organizados y ser muy eficaces. 

En Burgos, lideran limpiezas, movilizan a los vecinos y sostienen iniciativas medioambientales de forma silenciosa y poderosa.

La historia de Wendie nos recuerda que el verdadero impacto no se mide por los elogios individuales, sino por el efecto dominó de dar. Al invertir su tiempo, conocimientos y energía en su comunidad, especialmente en el empoderamiento de las mujeres, multiplica el cambio de formas que perduran más allá de su trabajo diario. 

En este Día Internacional de la Mujer, su ejemplo nos inspira a reconocer que cuando las mujeres lideran, apoyan y orientan a otras personas, los beneficios van mucho más allá de ellas mismas y dan forma a comunidades más fuertes y resilientes para todos.

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