Aunque hubo un levantamiento popular armado en 2011 que derrocó al dictador Muamar el Gadafi, Libia se encuentra ahora inmersa en divisiones internas, y los esfuerzos internacionales por unir a las administraciones rivales en un gobierno de unidad han fracasado. La proliferación de armas y milicias independientes, la expansión de redes criminales y la presencia de grupos extremistas han debilitado la seguridad en el país. La violencia continua ha provocado el desplazamiento de cientos de miles de personas y las condiciones de los derechos humanos han empeorado constantemente.
El pasado conflicto y la larga crisis política han tenido un impacto significativo en los servicios públicos, sobre todo en los de salud, saneamiento y protección social. Alrededor de 1,5 millones de personas siguen necesitando ayuda humanitaria.