MAIMOUNA: "GRACIAS A LOS MEDICAMENTOS, LOS CUIDADOS INTENSIVOS Y LA LECHE TERAPÉUTICA, MI HIJO RECUPERÓ LAS GANAS DE JUGAR Y LA SONRISA".
Mauritania forma parte de la zona del Sahel, una zona en África del oeste que se extiende de este a oeste y que atraviesa, además de Mauritania, Burkina Faso, Camerún, Malí, Níger, Senegal y Chad. Se trata de una de las zonas más expuestas al hambre del planeta.
Alassane es un niño mauritano afectado por la desnutrición. Su madre, Maimouna, cuenta cómo han acudido desde Boutanda hasta el hospital ya que estaba preocupada por la salud de su hijo. “Vengo de una familia numerosa, vivimos todos juntos con 7 mujeres casadas y todas tenemos hijos. Vivimos en el hogar conyugal con nuestros suegros y nuestros esposos se han ido en busca de medios para subsistir. Mi esposo está en Nouakchott y solo nos visita cada dos o tres años”.
Los conflictos armados y de violencia, la pobreza extrema, la crisis económica, el crecimiento demográfico acelerado, además de las sequías provocadas por el cambio climático son algunas de las causas de la desnutrición infantil. “Antes vivíamos de la agricultura, pero ahora ya no es suficiente. Conservamos una pequeña parcela de tierra y producimos okra, cacahuetes y mijo para satisfacer nuestras necesidades básicas. Pero las cosechas no son buenas.”
La calidad y la cantidad de los alimentos ha empeorado tanto que ha acabado afectando a la salud de su hijo. Cuenta Maimouna cómo enfermó Alassane, uno de sus gemelos: “Se enfermó, vomitó y perdió mucho peso. Lo llevé al puesto de salud de Boutanda. La enfermera me dio un tratamiento para la desnutrición en grandes cantidades, durante varias semanas. Es un tratamiento a base de pasta de cacahuate mezclada con medicamentos que se deben administrar todos los días”.
Pero Maimouna no pudo continuar con el tratamiento de su hijo. “Tuve que irme por problemas personales y dejé a mis hijos bajo la responsabilidad de la familia, pero un día el equipo de Acción contra el Hambre vino a vernos para ver a mi hijo”. En ese momento Maimouna supo que el estado de su hijo se había deteriorado gravemente, por lo que fue admitido en el Hospital Selibaby.
Ahora, después de la cuidada atención médica y alimentación que recibió su hijo, Maimouna está tranquila. “Gracias a los medicamentos, los cuidados intensivos y la leche terapéutica, mi hijo recuperó las ganas de jugar y la sonrisa. Estoy muy contenta y he aprendido muchas cosas. Cuando regrese a casa, no dejaré que mi hijo viva solo con sus abuelos. A partir de ahora, cuidaré de él y haré todo lo posible para evitar que vuelva a caer en ese estado de desnutrición”.