AMINA, MADRE SOLTERA DE 23 AÑOS, LLEVABA DOS LARGOS AÑOS ESPERANDO NOTICIAS DE SU MARIDO
desaparecido a causa del conflicto en Siria. Desgraciadamente, hace poco recibió la espantosa confirmación de su muerte, que la ha dejado emocionalmente trastornada. Amina y sus dos hijos, un niño y una niña, encontraron consuelo y refugio en casa de sus padres, junto con sus tres hermanas y dos hermanos.
La vida no era nada fácil para la familia, que sufría graves dificultades económicas. El anciano padre de Amina trabajaba duro para mantenerlos, recogiendo plástico para obtener unos ingresos limitados. Mientras tanto, Amina y sus hermanas se esforzaban por llegar a fin de mes trabajando en elKhan Mohammad vive en Kabul desde hace unos 8 años junto a su mujer y sus 3 hijos y 2 hijas, en la casa de uno de sus hermanos, quien ha prestado a la familia una habitación con baño.
En invierno no tenemos mucha electricidad, y el tiempo es tan frío y la madera tan cara que no siempre podemos permitírnoslo, pero tenemos un calefactor y todo el mundo viene a esta habitación a calentarse. En cuanto al agua, sólo tenemos un pozo, aquí en nuestra casa. La bebemos, lavamos la ropa y también la utilizamos para otras necesidades. Nos trasladamos de Paktia a Kabul porque en Paktia no había oportunidades de trabajo. En primavera todavía se está bien, pero en invierno ni siquiera encontramos suficiente comida.
Hace dos años que Khan Mohammad no tiene un trabajo fijo, a pesar de que las oportunidades en Kabul parecían mejores. Antes era conductor, lo que le permitía cubrir mantener a su familia y comprar medicinas. Su hijo más joven, Arfanullah, comenzó a perder peso de forma preocupante dos meses después de nacer. A pesar de no haber tenido problemas en los otros embarazos, Babri, su madre, no producía suficiente leche para alimentar a Arfanullah y, además, estaba enferma pero no podía permitirse el tratamiento. Eso la llevó a dejar de dar el pecho al bebé, lo que tuvo un efecto negativo sobre la salud y el desarrollo del pequeño.
Al verle enfermar, sus padres le llevaron a la clínica local, donde le dijeron que, aunque el niño perdía peso y sufría fiebres y diarrea, no tenia malnutrición. Este diagnóstico incorrecto retrasó su tratamiento pero una vez que llevaron a Arfanullah a la unidad de alimentación terapéutica de Acción contra el Hambre en Kabul, el niño fue diagnosticado de malnutrición e ingresado durante 11 días, en los que se recuperó gracias a la leche terapéutica, así como la capacitación sobre nutrición y alimentación que recibieron sus padres. descascarillado del maíz, pero sólo conseguían una exigua cantidad de dinero con ello.
Para colmo de males, Amina se dio cuenta de que su hija de 2 años, Nour, parecía diferente de los demás niños de su edad. Nour era más pequeña y poco comunicativa, incapaz de hablar o ponerse de pie. Amina sentía que algo iba mal pero no podía averiguar qué era, lo que la afectaba profundamente.
Las trabajadoras sanitarias de las clínicas móviles de Acción contra el Hambre visitaron su barrio y, durante una de estas visitas domiciliarias, examinaron a Nour en busca de malnutrición y descubrieron que sufría un edema generalizado (acumulación de líquido que afecta a todo el cuerpo y no a órganos o zonas corporales), con una medida de 10 en la circunferencia media del brazo (MUAC). Inmediatamente remitieron su caso al centro comunitario de tratamiento de la desnutrición aguda más cercano para que le dieran el tratamiento necesario.
“Pensaba que mi hija había ganado algo de peso, no pensaba que padecía una enfermedad grave”, explica. Afortunadamente, tras una semana de tratamiento en el centro, la salud de Nour mejoró y se recuperó.
"Tras la noticia de la muerte de mi marido, sentí que perdía la esperanza. Pero ahora Nour se está recuperando y goza de buena salud. La esperanza ha vuelto a mí y a mi familia. Doy gracias a Dios y a Acción contra el Hambre por su seguimiento y sus esfuerzos", cuenta Amina.