AHLAM: "ES COMO SI ESTUVIÉRAMOS ATRAPADOS EN UN CICLO INTERMINABLE DE DESESPERACIÓN E IMPOTENCIA"
Cada día, Ahlam y su hija de 15 años se levantan a las 5 de la mañana y cogen un autobús que les lleva a la granja donde trabajan. Reciben 1.200 riales, aproximadamente 1 dólar, por cuatro horas de duro trabajo bajo el sol, aunque este salario a menudo llega con retraso. Ahlam se ve obligada a dejar a sus otros hijos al cuidado de su hija de 9 años. Las preocupaciones la acompañan durante todo el día: “Empiezo a imaginar los peores escenarios que les podrían pasar en casa. Podrían ir y abrir el gas e intentar jugar con cerillas y quemarse, o podrían abrir la puerta, salir de casa y perderse”.
Debido al constante aumento de los precios, las familias no pueden asegurar la compra de alimentos, y en muchas ocasiones se endeudan para poder conseguirlo. Todo el dinero que ganan se destina a saldar deudas de meses anteriores y a pagar el alquiler. La historia de Ahlam muestra este círculo vicioso interminable de deudas e incertidumbre sobre el futuro.
Ahlam nos cuenta que no puede preparar tres comidas al día. Por la mañana, elabora pan con harina proporcionada por una organización que ayuda a desplazados internos. Los niños lo acompañan con té. Para el almuerzo, compra patatas y okra, y rara vez puede permitirse comprar pescado. “Si me queda dinero, compro espaguetis. Se los cocino a mis pequeños como sorpresa. ¡Les encanta! Cuando veo la alegría en sus caras, me da energía para empezar un nuevo día”, relata Ahlam. Un día – recuerda Ahlam con lágrimas en los ojos – sólo tenía 500 riales, el equivalente a 50 céntimos. Pudo comprar una pequeña bolsa de arroz para alimentar sólo a los niños más pequeños. “Fue una decisión muy difícil de tomar. Les dije que lo sentía... y que mañana iba a intentar hacerlo mejor”.
El testimonio de Ahlam ilustra el miedo a no poder enfrentar la alimentación de sus hijos, lo que provoca ataques de ansiedad en los padres. "Es como si estuviéramos atrapados en un ciclo interminable de desesperación e impotencia. En cuanto a la felicidad, solo llega en pequeñas dosis", explica Ahlam. La inestabilidad laboral y la volatilidad del mercado no permiten que las familias planifiquen gastos ni acumulen reservas. Los desplazados internos viven en casas sin agua ni electricidad y pagan un alquiler mensual inalcanzable.
Yemen sigue siendo la crisis humanitaria más grave en todo el mundo. Esta situación surge de un conflicto armado extremadamente violento que se agravó hace siete años, provocando la muerte y las lesiones de decenas de miles de civiles y causando un sufrimiento inmenso al pueblo yemení. En la actualidad, el país enfrenta la difícil realidad de tener casi 4 millones de personas desplazadas internamente, y miles de civiles han perdido la vida o han sufrido heridas como resultado de este conflicto.