La crisis económica, la prolongada crisis de los refugiados sirios, un brote de cólera, el estancamiento político y, más recientemente, la expansión del conflicto en Gaza hasta el Líbano, han provocado un aumento de las necesidades humanitarias en el país. A pesar de su tamaño, Líbano es el país que acoge al mayor número de refugiados en relación con su población del mundo, y se enfrenta a importantes retos a la hora de proporcionar ayuda a los 1,5 millones de refugiados sirios y a los 257.000 refugiados palestinos que acoge, además de a la propia población libanesa.
Más de la mitad de los hogares libaneses y el 90% de los hogares sirios en el país viven en la pobreza. Los servicios públicos están colapsando por falta de inversión, lo que agrava las malas condiciones de agua y saneamiento. Estas crisis han provocado un empeoramiento de la situación nutricional, con las tasas de malnutrición crónica entre los refugiados sirios en asentamientos informales duplicándose en la última década, y más del 60% de los niños con emaciación procedentes de poblaciones de refugiados.